
Me llamo Fernando y soy profesor de Religión.
Conozco al P. Rojas desde que nací, ya que mi vida se ha desarrollado en los Grupos de Oración del Corazón de Jesús. Mis padres me dieron el regalo de crecer en este movimiento de la Iglesia y siempre estaré agradecido por ello.
Tengo muchos recuerdos del P. Rojas a lo largo de la vida, pero quería resaltar uno de mi infancia.
Cuando era pequeño, el Padre organizaba cada cierto tiempo un concurso religioso para los niños. Esto se vivía con mucha ilusión entre nosotros. Además, el concurso nos motivaba para aprender cada vez más sobre Jesús y tener una relación personal con Él. Las preguntas del concurso hacían un recorrido por la historia de la salvación, los personajes bíblicos, las obras de misericordia, los sacramentos… Era una oportunidad para nosotros de mostrar cuánto sabíamos sobre lo que nos enseñaban en las catequesis. Y, por supuesto, había un premio final. Solía darnos una imagen bendecida de la Virgen o algún objeto religioso, que guardábamos con mucho cariño.
Echando la vista atrás, con la perspectiva de los años y dedicándome ahora a la docencia, agradezco esos momentos llenos de enseñanza para nosotros. Quizá en la infancia lo vivíamos como un juego divertido en el que competir por un premio, pero el P. Rojas quería transmitirnos cosas más importantes, como buen educador y sacerdote que era. Lo esencial, que se nos ha quedado inscrito en el corazón, era: La importancia de las cosas de Dios en nuestras vidas, la devoción a la Virgen y la alegría de ser hijos de Dios.
Nos consiguió transmitir todo esto a través del juego y logrando que fuese una motivación para nosotros.
Puedo afirmar entonces que todo lo que aprendí en esos momentos ha conformado lo que soy hoy.
Gracias Padre por su vida de entrega.